La fe no es fingir estar seguro. Es confiar en Alguien que ha demostrado que vale la pena.
La fe es confianza, no un sentimiento
«Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve» (Hebreos 11:1).
Confianza en una Persona, como cuando confías en una silla lo suficiente para sentarte.
Ya vives por fe todos los días. Confías en sillas, puentes y médicos que acabas de conocer. La pregunta nunca fue si vas a confiar. Es en quién.
No tiene que ser grande
«Si tuvieran fe tan pequeña como un grano de mostaza… para ustedes nada sería imposible» (Mateo 17:20).
El poder nunca estuvo en el tamaño de tu fe. Está en el tamaño de tu Dios.
Un papá hizo la oración más honesta de la Biblia: «¡Sí creo! ¡Ayúdame en mi poca fe!» (Marcos 9:24). Jesús le dijo que sí. La fe a medias, traída a Jesús, cuenta.
La duda no es lo opuesto a la fe
Tomás dudó, y Jesús no lo regañó: le mostró sus manos (Juan 20:27). Rendirse es lo opuesto a la fe. La duda que sigue caminando hacia Jesús tiene otro nombre: fe.
¿Luchas con preguntas difíciles ahora mismo? Escribimos una sección completa para ti.
La fe real se nota en tus pies
«La fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta» (Santiago 2:17).
Creer que un puente te sostendrá es una cosa. Cruzarlo es confianza.
La fe no son solo palabras con las que estamos de acuerdo. Cambia cómo tratamos a las personas, qué hacemos con nuestra preocupación, y a dónde vamos cuando estamos quebrantados.
De dónde viene la fe
«La fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo» (Romanos 10:17).
La fe crece como crece una amistad: con tiempo juntos.
Así que empieza con algo sencillo. Lee un Evangelio: Marcos si quieres el más rápido, Juan si cargas preguntas; fue escrito «para que ustedes crean» (Juan 20:31). Y háblale con palabras sencillas. La fe no se fabrica. Se cultiva.
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