Cuando perdonar parece imposible
Alguien te lastimó, quizás mucho. Ahora la gente dice: «Solo perdona». No es tan sencillo, y Dios sabe que no lo es.
El perdón empieza con cuánto nos ha perdonado Dios. Jesús contó de un siervo al que le perdonaron una deuda que jamás podría pagar, y que luego se negó a perdonar a un compañero que le debía poco (Mateo 18:21–35). Perdonamos porque hemos sido perdonados: «Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes» (Colosenses 3:13).
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34).
Lo dijo mientras los clavos todavía estaban en sus manos.
Perdonar no es fingir que no dolió. No es decir que lo que hicieron estuvo bien. Y no significa que tengas que confiar en alguien que no es seguro, o volver con alguien que te sigue lastimando. Perdonar significa soltar el deseo de desquitarte y entregarle esa persona a Dios: «No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: “Mía es la venganza; yo pagaré”, dice el Señor» (Romanos 12:19).
Muchas veces es un proceso, no un solo momento. Pedro preguntó si perdonar siete veces era suficiente. Jesús dijo: «setenta y siete veces» (Mateo 18:22). Algunos días quizás necesites perdonar la misma herida otra vez. Eso es normal.
«Sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Efesios 4:32).
No tienes que encontrar este perdón por tu cuenta. Solo puedes dar lo que has recibido.
Si todavía no estás listo, puedes empezar con una oración honesta:
«Señor, no puedo perdonarlos por mi cuenta. Te los entrego, a ellos y lo que hicieron. Ayúdame a soltarlo, un día a la vez. Amén».
¿Necesitas perdón tú mismo? Lee sobre la culpa y la vergüenza. ¿Te lastimó alguien que debía protegerte? Empieza aquí.
Si perdonar se siente demasiado difícil hoy: oraremos por ti por nombre.
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